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El olvidadizo amor de Dios

Categories: Estudios de la Palabra

Una de las cosas que mas agobia el corazón del hombre es el temor al rechazo, si es por causa de pecado, o de una falla, normalmente lo que siente es una autoacusación. Y puede ser que la acusación mas fuerte no sea por fuera, sino por dentro, perdonarse él mismo; no olvida las acciones del ayer y eso mismo lo margina a una vida sin fruto, sin gozo, sin entrega, sin abundancia, apagada, a no aspirar nada mas en Dios por la misma indignación que trae encima, acusado, marginado de todas las promesas. El Señor Jesús pagó en el madero para aceptarnos. Dios es tan grande que cuando ama, aplica la misericordia (amor a la miseria), y tiene una característica, después de que le ha aplicado ese amor, ya no se recuerda de la transgresión, borra y comienza de nuevo. No podemos estar cargando con transgresiones que están en el pasado y aceptar acusaciones. Puede estar fluyendo toda clase de gloria en un lugar, pero la indignación, auto-reproche, la falta de perdón a sí mismo, lo relega a conformarse con las migajas que otros botan de la mesa, cuando tiene derecho a todo el pan que está servido. “Te olvidarás de tu miseria, y será como aguas que pasan”.

Nos dignificó: “Entrad confiadamente ante el trono de la gracia para hallar misericordia y oportuno socorro para nuestra alma”. Ro. 5:9, Ro. 8:1, Ro. 8:34

El Señor nos ha dignificado con Su Sangre. Sin Cristo no teníamos pacto ni promesas, éramos como perrillos. Pero cuando creímos nos dio la potestad de ser llamados Hijos de Dios. Como Hijos, también Herederos de Dios y Coherederos con Cristo Jesús. Las bendiciones que están en el testamento, te pertenecen. Un espíritu de indignación te puede excluir de lo que El ya aplicó en ti: Perdón, dignificación, justificación. El auto-reproche nos puede separar de la bendición de Dios,

Acepta que has sido dignificado, créelo y vive como tal. Una persona que no se siente perdonada todo lo ve mal, el problema no está en la gente, está en la actitud nuestra. A veces juzgamos por nuestra propia condición o actitud, presumimos de falsa humidad. El Señor pagó en alto precio para nuestras bendiciones. ¿Qué hiciste tú para que El te amara tanto? No teníamos atractivo, nuestras obras de justicia eran como trapo de inmundicia, reprobados, destituidos de la gloria de Dios. Pero el Padre de tal manera nos amó, que dio a Su Hijo Jesús para perdonarnos.

El borra tu récord “Sepultará nuestras iniquidades, y echará en lo profundo del mar todos nuestros pecados” Miqueas 7:19

Dios tiene una característica, después de que le ha aplicado Su amor y perdón: el ya no se recuerda de la transgresión, borra y comienza de nuevo. “El que confiesa sus pecados y se aparta, alcanzará misericordia” Aplaudamos la misericordia de Dios. Si Dios borró tu falta, porqué vas a hacer memoria de tu miseria. La transgresión de David con Betsabé fue no solo pecado; sino una cadena de pecados. Intriga, mentira, falsedad, asesinato. Pero muere David y Dios sigue haciendo memoria de él, sus descendientes cometen pecado y Dios tomaba acción a favor de ellos por amor a su siervo David. Pero lo que colma la admiración del olvidadizo amor de Dios es la referencia que Dios da al decir…. “David… quien guardó mis mandamientos y estatutos”. ¿Realmente guardó David los estatutos? No los guardó. Porque el amor de Dios es totalmente olvidadizo cuando perdona. Por eso David le dice al profeta, no quiero caer en mano de hombre, prefiero las de Dios, porque El tiene misericordia. El me va a dar una oportunidad, me va a perdonar y se va olvidar de mi transgresión. Salmo 25.7 “De los pecados de mi juventud, y de mis rebeliones no te acuerdes, conforme a tu misericordia acuérdate de mí”

Reflexión: El no nos ha pagado conforme a nuestras obras. El nos pagó conforme a la grandeza de su misericordia. El padre del pródigo no le preguntó sobre su pasado, lo abrazó, vio su corazón arrepentido, humilde, apartado del pecado. El pródigo necesitaba una oportunidad. El corazón de Dios es misericordioso, te quiere perdonar, te quiere restaurar. Es necesario rechazar la autoacusación para vivir una vida feliz, fructífera y con derechos. No dejes que el diablo te acuse por fuera ni tú te acuses por dentro. Dios es grande en misericordia, siempre nos da una oportunidad.

Dr. Fernel Monroy

Author: ottonio@icloud.com

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