“Por lo cual, salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor, y no toquéis lo inmundo; Y yo os recibiré”.

2ª Corintios 6:17  

Hay llamamientos que Dios hace muy particulares y van en diversas direcciones, con un fin de servicio, consagración, recibir y concebir o propagar una visión. Y todo esto tiene un objetivo. Dios nos llama a obedecer sus deseos y propósitos y que seamos su extensión para aquellos planes que Él tiene para la humanidad. Por ejemplo, “Id y haced discípulos, predicad el evangelio”. El llamado a Moisés cuando Dios quería que llevara un mensaje de liberación, y lo que conllevó su preparación para ello en el desierto. Jeremías fue llamado y escogido desde que estaba en el vientre, el Señor lo constituye en profeta a las naciones.

 

Casi siempre los llamados gigantes son los que, más llaman la atención, sin embargo, tengamos presente que, antes que Dios ponga a alguien en “una plataforma”, le va a probar en lo poco. Dios nunca va a arriesgar lo mayor si no superamos la prueba de lo menor. “Si eres fiel en lo poco sobre mucho te va a poner” (Mt. 25:21).  Aparte de los llamamientos a servir a Dios, hay otro tipo de llamado que el Señor hace, por supuesto para nuestro beneficio. El llamamiento a salir del “yugo desigual”. Dios habla que somos templo del Dios viviente, y hace un llamamiento a salir de lo que, “no tiene unión con Él”.  Versos 14-16 de 2ª. Corintios “No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas?” ¿Y qué concordia Cristo con belial? ¿O qué parte el creyente con el incrédulo?  ¿Y qué acuerdo hay entre el templo de Dios y los ídolos? Porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo: Habitaré y andaré entre ellos, y seré su Dios, y ellos serán mi pueblo”.

 

El “yugo” es un instrumento de madera que se utilizaba para poner sobre el cuello de animales como los bueyes para arar la tierra, pero tenía que ser exactamente proporcionado, no podía ir con desequilibrio porque iba a haber problema en el arado. Por eso en una relación con propósito de matrimonio, o a nivel de una sociedad o simplemente una amistad estrecha, es extremadamente peligroso unirse con alguien que piensa diferente, que quizá adora a otro Dios, reemplazando el lugar que le corresponde sólo a Él. Salmo 115:135.

 

Otro llamamiento del Señor, Mateo 4:18-19 “Andando Jesús junto al mar de Galilea, vio a dos hermanos, Simón, llamado Pedro, y Andrés su hermano, que echaban la red en el mar; porque eran pescadores.  Y les dijo: Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres”.  Su primer llamado es ser discípulo, “Venid en pos de mi”, sentarse y oír su voz, no andar en otro lado cuando sea tiempo de escucharle, porque necesitamos ser discipulados.   Verso 20: “Ellos entonces, dejando al instante las redes, le siguieron”.

 

Mateo 8:19-20 “Y vino un escriba y le dijo: Maestro, te seguiré a dondequiera que vayas.  Jesús le dijo: Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar su cabeza”. Aquí hay alguien que, aunque no fue llamado, se ofreció al Señor, pero Él le tuvo que aclarar las intenciones que había en su corazón. El Señor que conoce los pensamientos y las intenciones, de seguro se dio cuenta que, su intención primaria era tener un lugar, pero después de haber recibido esa respuesta, no se sabe si le siguió o no.  La obra de Dios se tiene que hacer sin interés de recibir algo. No pretendamos que el evangelio sea una plataforma para alcanzar cosas materiales.  El trabajo en la obra del Señor es arduo, por eso el Señor dijo, “Rogad al Padre para que envíe obreros a su mies”. (Mateo 9:38)

 

Y hay un llamamiento del Señor también para los que se apartaron de Él, para aquellos que, aunque no entiendan muchas cosas saben que este es su lugar, que han sentido la necesidad de entregar su vida a Dios. Si has estado escuchando el llamado para reconciliar con Él, el Señor te dice, “salid de en medio de ellos, no os hagáis partícipe de sus pecados” (Apc. 18:4). Pueblo que ha tenido un llamado para salir de la idolatría, del yugo desigual, para romper con el pecado, para atender el servicio, para consagrarse, para buscar más de Dios.

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