“Siervos, obedeced en todo a vuestros amos terrenales, no sirviendo al ojo, como los que quieren agradar a los hombres, sino con corazón sincero, temiendo a Dios.  Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres; sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís”.  Colosenses 3:22-23  

Se puede “servir al Señor”, no solamente predicando, orando por los enfermos, estando de servidor en la iglesia. En el pasaje inicial, enfoca a los “siervos o empleados”, personas que están dependiendo de un jefe. Aquí no habla de servicio en una congregación, esta es otra dimensión del servicio que, pocas veces enfatizamos, porque quizá hemos renegado en algún momento en cuanto a lo que nuestros jefes o superiores pueden demandar de nosotros. El concepto de hacerlo precisamente “para que lo vea el hombre”, es totalmente distante a lo que el Señor dice.  

 

Cuando tienes claro lo que Dios quiere y no lo haces estás faltándole a Dios. Dios pasa por alto “el tiempo de la ignorancia”, pero no “la indolencia”, querer engañar al jefe es como querer engañar a Dios.  Hemos creído que un servicio secular no es un servicio a Dios, y hasta se forman “grupos” que, están pendientes de los errores de la empresa para poder demandarlos. Cada vez que estamos haciendo nuestras labores, el ojo de Dios está allí. El verso 24 asocia el servicio a Dios, aún con un servicio terrenal. “Sabiendo (no quedando ignorante) que, del Señor, recibirás la recompensa de la herencia porque a Cristo el Señor servís”.

 

Sirviendo en otra dimensión Heb. 6:10 “Porque Dios no es injusto para olvidar vuestra obra y el trabajo de amor que habéis mostrado hacia su nombre, habiendo servido a los santos y sirviéndoles aún”. Entendemos perfectamente que aquí se refiere al servicio en su obra, en el cuerpo de Cristo.   Pero tanto usted sirve en su trabajo, como sirve aquí, y si falla allá, el Señor no le va a aplaudir aquí.  De hoy en adelante cambie la perspectiva en su trabajo secular. Verso 25 “Más el que hace injusticia, recibirá la injusticia que hiciere, porque no hay acepción de personas”. El que no hace lo que Dios quiere y cómo Dios quiere en el trabajo secular, comete injusticia, y eso va a cosechar.

 

¿Por qué a veces no somos promovidos o remunerados como debiéramos ser? Tal vez lo que estás viendo es la consecuencia de lo que sembraste.  ¿Por qué voy a trabajar un poco más, si no me remuneran, si son injustos?   Recuerda, no necesariamente vas a cosechar en el mismo lugar. Si trabajas con buena actitud y buen testimonio, de donde menos te imaginas vendrán los recursos del Reino, porque Él sabe recompensar.  Nunca le dé el crédito a su trabajo o a su jefe, el crédito y la provisión es de Dios. Nos debemos a Cristo, a Él tenemos que honrarlo.  Cuando sirves en el taller, a Cristo el Señor sirves, cuando sirves en el templo, a Cristo el Señor sirves.  Si fueron injustos, no te correspondieron correctamente, tienes que saber que del Señor recibirás su recompensa.

 

El contexto en los pasajes 1ª Timoteo 6:2 “Y los que tienen amos creyentes, no los tengan en menos por ser hermanos, sino sírvanles mejor, por cuanto son creyentes y amados los que se benefician de su buen servicio. Esto enseña y exhorta” y Tito 2:9 “Exhorta a los siervos a que se sujeten a sus amos, que agraden en todo, que no sean respondones; no defraudando, sino mostrándose fieles en todo, para que en todo adornen la doctrina de Dios nuestro Salvador”; no habla de servicio congregacional, sino de trabajos seculares, pero nota, no debes caer en “ser fraudulento”, porque puede que no se haga con mala intención, pero sí con un mal proceder.  

 

¿Es justo Dios? ¿Es fiel Dios?  

La definición de “justicia” es: cualidad de dar a cada uno lo que se merece. Dios es justo, si alguien sale reprobado, tiene su recompensa también.  Ahora, si hay sanciones bíblicas en cuanto al trabajo secular, imagínese en cuanto a los tesoros del Señor. Qué horrenda expectación de juicio provocará el que tal hace. Cuidado con tocar finanzas del Rey.    ¿Cómo terminó el tesorero del Señor Jesús que no administró bien?   Más vale el buen nombre que las muchas riquezas.  “En todo haced honor a la enseñanza de Dios nuestro Señor.”  Obremos como Dios quiere que obremos. Sirve, honra, pues Dios “honra al que le honra”. Pon tu corazón, tus fuerzas y recursos al servicio del Señor, Dios es fiel.

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